
(Publicado en diario La Nación, 28 de Agosto de 2010)
Luis Diego Oreamuno G.
En los últimos días hemos sido víctimas, sí, leyó usted bien, víctimas de las insistentes manifestaciones de muchos estudiantes universitarios en torno a las negociaciones del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES). Muchos nos hemos visto afectados, estudiantes, profesores y ciudadanos comunes, producto del atropello a la libertad de tránsito o nuestro derecho y disfrute de la educación. ¿Tienen a caso derecho los compañeros (as) que se oponen al acuerdo, a cerrar calles, tomar aulas y edificios que implica la suspensión y el retraso de los cursos y el ejercicio normal de las distintas instituciones?
Comprendo perfectamente y reconozco, la importancia del derecho fundamental de la libre expresión, del que disfrutamos todos los costarricenses, que recae en la libertad para expresar ideas y posiciones de manera pacífica y sin ningún tipo de repercusiones, ahora bien, comprendo también que, como en todo, existen límites y estos se presentan en el momento en el cual la libertad de expresión, especialmente en temas de resolución de conflictos, caen en lo ilegal, causan un daño o delito. ¿Se estará causando un daño o delito a los costarricenses con este tipo de manifestaciones?, Juzgue el lector.
He sido testigo de las marchas, muy bonitas por cierto, bien organizadas, con actos culturales incluidos, pero dentro de lo que también pude observar, fue a jóvenes comprando licor para consumirlo durante la caminata, muchos otros que no sabían por qué marchaban,se les dijo en las aulas que no había clase y que si iban a marchar tendrían puntos extra. Soy consciente además, a través de la buena cobertura de los medios de comunicación, del acoso del que ha sido víctima, una víctima más, la señora rectora de la Universidad de Costa Rica, quien incluso celebraba el jueves pasado el 70° aniversario de esta benemérita institución, la actividad debió ser cancelada. Me pregunto entonces, ¿Qué será lo que estamos viviendo en nuestro país, una libertad de expresión o una libertad de presión?
Insto a los jóvenes, a las nuevas y anteriores generaciones, a saber reconocer que existen autoridades en todos los campos y son ellos y ellas los que tienen la responsabilidad en la toma de decisiones. Por su trayectoria y experiencia es que están allí, y no es posible que todas las decisiones en este país, por más democrático que sea, se tomen en función de la opinión de todos y cada uno de los interesados, ¿cómo vamos a avanzar si no dejamos trabajar a nuestros líderes? Parece ser indispensable cumplir con las expectativas de absolutamente todos, de no ser así, se convoca a huelga de inmediato.
Hagamos uso del derecho de la libertad de expresión, respetando los límites, alejándonos de la violencia y buscando la convivencia pacífica que en algún momento nos caracterizó.
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