
(Publicado en Semanario Universidad, ed. 1871, del 6 al 12 de oct. 2010)
Luis Diego Oreamuno G.
Iniciando este vistazo por el mundo que rodea a las sanciones,aclaramos de lo se habla con esto: las sanciones se definen como un castigo, y los motivos de estos pueden ser, por ejemplo, el incumplimiento del orden establecido, una falta de comportamiento, o bien, cometer un acto ilegal.
Hablamos de un mundo, porque es realmente una gran familia la que acuerpa las sanciones, las hay de todos los colores y sabores. Escuchamos constantemente sobre sanciones tributarias, administrativas, disciplinarias, penales, civiles, laborales y otras que a veces olvidamos, las sanciones sociales. Intentaremos a lo largo de este punto de vista, ejemplificar un poco la realidad que nos envuelve a los costarricenses en estos casos y considerar a las sanciones como una garantía o al menos respaldo.
Hoy por hoy, es motivo de discusión en nuestro país, la entrada en vigencia de una nueva reforma fiscal; esto quiere decir, aumentar la carga tributaria y grabar de forma especial a casinos, cigarrillos, centros de llamadas, entre otros. El objetivo de esto es aumentar el ingreso corriente del Estado, y así mejorar la inversión en obras y proyectos como propulsores del desarrollo nacional.
Un informe reciente de la Contraloría General de la República, revela que entre el año 1991 y 2007, la evasión fiscal del impuesto sobre la renta alcanzó un promedio del 70%, lo que representa un 3.6% del PIB. En algunas ocasiones, se escucha que el Sistema no está en capacidad de detectar las mayores irregularidades en el pago de tributos, además, que las sanciones son débiles y cuando logran estas relucir, pasan años para hacerse efectivas. Pensamos entonces ¿quién se atrevería a evadir el pago de impuestos cuando la sanción tributaria sea algo así como diez veces el monto adeudado? La solución podría estar en fortalecer los mecanismos sancionatorios y no tantos aquellos que parecen no brillar.
Sin embargo, de momento, no caería mal un ingreso extra con la reforma que se propone, a fin de cuentas, los recursos provenientes de las actividades que se contemplan, podrían repercutir en la ejecución de proyectos prioritarios, máxime para un país que aspira a salir del sub desarrollo con una carga fiscal tan baja.
Una sanción administrativa está típicamente relacionada con las multas. Llama la atención que al consultar algunas fuentes, se comprueba que estas sanciones son recientemente aplicadas de forma drástica en los temas ambientales. Imaginemos lo positivo de esto, si las sanciones a la tala ilegal de árboles, a la tenencia de especies en vías de extinción o al aleteo, fueran tan fuertes como su impacto. Por ejemplo, no creo que ciertos barcos pesqueros, vayan a visitar la Isla del Coco si corren el riesgo, por ejemplo, de perder su embarcación decomisada por completo con la pesca ilegal, además de eso, una multa adicional que supere quizás el valor del mismo.
Por otro lado, una estadística que nos alegra mucho: para las fiestas de Palmares del 2009, hubo tan sólo 4 detenciones a conductores ebrios, mientras que en el 2008 la cifra superaba los 200. No son muchos los valientes que se arriesgan a que se les decomise el vehículo, además de una multa que muchos catalogan de irracional sin ver más allá, el valor enorme que esto representa en términos de seguridad en las carreteras y disminución en accidentes de tránsito.
Una sanción disciplinaria a baja escala, se ubica en las boletas impuestas a estudiantes por faltas a las normas de conducta. Elevando el tono, encontramos las sanciones penales impuestas ante delitos y faltas a la ley. Cuesta ver que una persona caiga en el mismo error dos veces, o bien, que se arriesgue siquiera a una fuerte sanción, con este ejemplo, hablamos de 40 puntos menos en la nota o una condena carcelaria.
Las resoluciones de sanción civil, buscan reparar el daño causado a personas físicas o jurídicas, siendo común que se aplique el pago de indemnizaciones en estos casos. Considero que esta ¨garantía¨ podría ser ampliamente aplicada en protección de los consumidores nacionales, quienes se ven constantemente afectados por la deficiencia de los productos o servicios por los que invierten recursos. El problema radica en que, después de seguir el debido proceso, las sanciones son difícilmente aplicadas o insignificantes.
En el mismo caso podríamos mencionar la sanción laboral. Si muchos hicieran su trabajo dando lo mejor de sí, evitarían muchas de las fallas que generan el malestar de los usuarios. Con mayores medidas de control al desempeño, y más que esto, eficiencia en la ejecución de sanciones, disfrutaríamos los ticos de productos y servicios de la mejor calidad.
La sanción social: dícese de una mirada, un cambio de mentalidad, pérdida de credibilidad o confianza, violencia y agresión. La sociedad, vista como un ser vivo que escucha, mira y siente, nos cobra las faltas en todo lo que hacemos.
Muchas veces el discurso en el tema de sanciones, pasa por la esperanza de un cambio de mentalidad, crear una nueva cultura, una nueva forma de ver las cosas. ¡Que bueno sería poder contar con el respaldo de fuertes “garantías” contra las serias fallas! Ante esto, habría mucho de eso que se dice en Costa Rica, que es mejor no jugársela y hacer las cosas bien. Después de un tiempo de asentar la idea de cumplir con las leyes, las normas, o una sencilla forma de hacer las cosas con pensamiento solidario, estaremos en evidencia de un cambio de cultura y viviremos en el paraíso que muchos sueñan, donde las cosas son como son por bien y sin necesidad de castigos.
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